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Queridas hermanas y hermanos:
Llega Mayo, y una vez más nos encontramos celebrando con gran entusiasmo el “Mes del Metodismo”
en nuestras iglesias a través de Chile. En cada distrito se realizarán encuentros, cultos y otras actividades tendientes a recordarnos que somos “un pueblo llamado Metodista”,
que proclama al Señor Jesucristo y da razón de su fe en medio de las tempestades que sacuden al mundo hoy en día.
Sin embargo, es bueno recordar que las fechas importantes no son un fin en sí mismas. Son más bien señales que utilizamos los seres humanos
para marcar etapas en nuestra vida, ya sea personal, familiar, eclesial o comunitaria. Cada conmemoración, por tanto, es una oportunidad para re-escribir nuestra historia, cerrando algunos capítulos, comenzando
otros, revisando los que quedaron a medio escribir, y poniéndonos en marcha para incorporar las experiencias que vayamos acumulando en el camino que queda hacia delante.
¿Cómo nos encuentra el “Mes del Metodismo” este año? ¿Arde nuestro corazón todavía, como ardía el de Carlos Wesley cuando
escribió:
¿De qué manera estamos aumentando ese resplandor en un mundo tan oscuro como el de hoy? ¿De qué manera los metodistas somos capaces de encender llamas de amor en las mentes y los corazones enfermos y atribulados hoy día? ¿De qué manera estamos dando esperanza a un mundo que no la tiene?
En este mes, recordemos que la experiencia de fe que enfatizamos como metodistas es también el constante recomienzo de un camino junto a
Alguien que nos salió al encuentro un día, Jesús, y por tanto también implica estar dispuestos y dispuestas a trabajar como parte de una comunidad de fe que, con sus propias características, dones y carismas,
se pone al servicio de la proclamación del Reino de Dios.
Que El les bendiga.
Fraternalmente en Cristo,
Patricia Wilson Torregrosa Miembro Comité Ejecutivo Vida y Misión Nacional
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