CONSTITUCIÓN
 (extractos)
HISTORIA

Inicios de la Predicación en Uruguay - 1836

La presencia metodista en el Uruguay puede rastrearse ya en los primeros años de la vida institucional del país. En efecto, en el año 1836, se inicia la obra a cargo del Rev. Dempster y durante alrededor de 30 años se circunscribe a la comunidad anglosajona.

A fines de la década del 1860, el Rev. Andrés Milne invita al Dr. Juan F. Thompson, que ya había iniciado la prediación en español en Buenos Aires, para que hiciera lo mismo en Montevideo. Se inicia así otro período durante el cual, a pesar de la inestabilidad política y social prevaleciente, la obra se extendió rápidamente alcanzando, según crónica de la época, "dimensiones colosales".

Durante ese lapso, la personalidad del Dr. Thomson llegó a ser muy conocida y apreciada por la sociedad montevideana y particularmente por la juventud estudiosa. Thompson fue sucedido en el liderato de la ya pujante obra metodista, por el misionero Tomás B. Wood.

Primera Iglesia - Iglesia Metodista Central - 1878

El 19 de junio de 1878, bajo la administración de Tomás B. Wood, se organizó la primera iglesia de acuerdo a la Disciplina, o sea la Iglesia Metodista Central.

En ese período, la obra metodista, que ya podía llamarse en realidad "Iglesia", se extendió al interior dle país, iniciándose iglesias locales a través de la predicación en plazas y salones públicos en varias ciudades del centro del país, tales como Trinidad, Mercedes, Durazno, Santa Lucía y el suburbio de Montevideo, Peñarol.

Surge asimismo un importante liderato laico que colabora eficazmente en la dirección y expansión de la obra en las diversas áreas de la vida nacional y regional.

Obra Educativa y Misionera

Se asiste a un auge de la obra de las escuelas dominicales y nace la obra educacional metodista, por iniciativa de la Srta. Cecilia Guelfi quien, asistida por su hermano Antonio, organiza una serie de pequeñas escuelas diarias. Estas escuelas alcanzaron el número de 20 y beneficiaban a un millar de alumnos.

Al fallecer la Srta. Guelfi, fue necesario reunir este esfuerzo en una sola institución, dando lugar a lo que posteriormente llegó a ser el Instituto Crandon.

En este marco, surge en la joven iglesia uruguaya la pasión por la obra misionera, expresada en el traslado de Carmen Chacón a Porto Alegre, Brasil, donde funda el Colegio Americano y se echan las bases para la iniciación de la obra metodista en la región. Francisco Penzotti se convierte en el adalid de la difusión de las Sagradas Escrituras y el Evangelio en casi todos los países del continente.

La obra educacional se afirma con la consolidación del Instituto Crandon, en 1879, que llega a ser una de las instituciones eduacionales mejor integradas del país y con la creación de una filial en Salto, con todo lo cual se cubre el período que va hasta 1960.

Se inicia el periodismo evangélico con la publicación de "El Evangelista" y comienza, en 1888, la primera obra de cooperación interdenominacional del continente, con el establecimiento, conjuntamente con la Iglesia Valdense, del Lice de Colonia Valdense que, luego se transformó en Siminario de Teología, marcando así el inicio de lo que posteriormente llegó a ser la actual Facultad Evangélica de Teología de Buenos Aires.

La Iglesia Metodista continuó creciendo, logrando una integración plena en la vida nacional. Se consolidan y extienden las iglesias y obras existentes y el impulso que llevó la Iglesia al centro del país se completó con la apertura de obra en otros lugares como Rivera y Tacuarembó, que no prosperó, y en Artigas y Allende, estableciéndose asimismo iglesias en las dos ciudades más importantes del interior litoraleño, Paysandú y Salto. Se consolidaron y ampliaron los lugares de predicación e iglesias y centros sociales como los del Cerro (Casa de la Amistad), Malvín, Belvedere y el Hospital Evangélico y la Librería La Aurora, ambos convertidos en empresas interdenominacionales.

En dicho período, cabe además señalar que, además de los aspectos que hacen a la promoción de la obra metodista en particular, la Iglesia y sus miembros prestaron una decisiva y entusiasta colaboración en la promoción de iniciativas de proyección nacional e interdenominacional, demostrativas de la amplia visión, como también de la autonomía de pensamiento que ha caracterizado al metodismo uruguayo.

En dicho sentido pueden enumerarse las iniciativas más importantes, a saber: cración del periódico juvenil LA IDEA e incursión en el campo editorial; cración de la primera cooperativa evangélica de consumo; creación de la Asociación Mutualista Evangélica de asistencia médica; iniciación de los strabajos para la creación de un hospital evangélico, a la fecha ya una hermosa realidad; creación del movimiento juvenil evangélico interdenominacional y participación decidida en la promoción del movimiento continental ULAJE, como también en el movimiento estudiantil, MEC; creación de la Librería Aurora ya mencionada; participación plena en la obra de la Sociedad Bíblica; colaboración en toda el área de la educación teológica, a través de la Facultad Evangélica de Teología y Seminario Evangélico Menonita de Montevideo; participación en el movimiento ecuménico rioplatense y continental y nacional a través de la creación de la Federación de Iglesias Evangélicas en el Uruguay, constituída en 1955, y participación en el Centro de Estudios Cristianos - CEC, etc.

Participación en la asistencia a la sociedad

En una síntesis como esta no puede dejar de mencionarse la preocupación metodista por la situación y los problemas sociales. De ahí la existencia, en todas las iglesias locales, de comisiones de acción social, el funcionamiento de "obras de barrio", campamentos para niños de zonas pobres, escuelas de vacaciones, la obra de beneficiencia de las sociedades femeninas, etc. Esta preocupación se manifestó también en obras de mayor entidad, como la creación del Instituto Panamericano en la zona industrial del Cerro, en el año 1920, que luego se desarrolló en la Casa de la Amistad y la industria de Buena Voluntad. En menor escala, pero con igual motivación de servicio, se craron oportunamente los centros sociales de Malvín, Santa Lucía (Canelones), Barrio Valparaíso, Belvedere, San José de Carrasco, etc. En colaboración con la Iglesia Valdense se constituyó el Hogar Nimmo, para niños de ambos sexos en el Departamento de Colonia.

Como un complemento de este trabajo social, el metodismo uruguayo, a través de sus pastores y laicos, ha contribuido seriamente al dearrollo de una preocupación profunda, a través del estudio sistemático y la reflexión teológica, en torno a los cambios sociales que se estiman imperativos para el logro de soluciones de fondo para los problemas derivados de la injusticia, que padecen amplios sectores de la sociedad.

Así, a través del periodismo y el movimiento juvenil primero y en años más recientes a través de su contribución al movimiento de "Iglesia y Sociedad", tanto en el plano nacional como continental y aún mundial, se ha contribuido a la creación de una corriente de opinión y acción tendiente a una actualización del pensamiento social cristiano y una "encarnación" en el proceso de rápidos cambios que en todos los órdenes experimenta la sociedad latinoamericana.

Creación de la Conferencia Anual "Provisional" del Uruguay - 1954

En 1893, el crecimiento de la obra en la región conduce a la formación de la Conferencia Anual de Sudamérica, abarcando ésta el trabajo establecido en Argentina, Uruguay, Chile, Perú, Bolivia y Paraguay. El continuo crecimiento y expansión hizo necesaria la creación, en 1910, de la Conferencia Anual Este de Sudamérica, cubriendo el área del Río de la Plata. En 1946 ésta pasó a denominarse Conferencia Anual del Río de la Plata hasta que, en 1954, se crea la Conferencia Anual "Provisional" del Uruguay, que alcanza el status de Conferencia plena en 1964, concretándose así una completa autonomía dentro del marco de la Conferencia Central Metodista para América Latina.

Síntesis

Esta rápida visión del dearrrollo, actividades y empresas encaradas por la Iglesia Metodista del Uruguay en sus primeros 100 años de existencia, permite apreciar un hecho concreto y claro: aunque hayan existido errores, fracasos y demoras, la Iglesia a demostrado una constante preocupación por ejercer su influencia sobre el medio social en el cual su Señor la ha colocado y ha dejado huellas de su presencia aún en aquellas entidades que ya han escapado a su tutela, pero que siguen dando un testimonio tangible en la sociedad.

Recíprocamente, el medio ambiente uruguayo, a través de su liberalismo, su libertad social y política, su elevado nivel cultural y su acendrado laicismo, ha influído sobre la vida y características de la Iglesia en numerosos aspectos. Receptora de las dos vertientes de tradición: metodista una, uruguaya la otra, y enriquecida por la experiencia de 100 años en la conjugación de ambas, nuestra Iglesia Metodista ha forjado así una personalidad propia y original.

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MISIÓN

Preámbulo a la Constitución de la Iglesa Evangélica Metodista en el Uruguay

Agradecidos a Dios por haber hecho resplandecer su rostro en la faz de Jesucristo, llamándonos de las tinieblas a su luz admirable. A la Iglesia Metodista de los Estados Unidos de Norte América, por su trabajo misioner fiel y constante, cuyo fruto se aprecia en la misma existencia de nuestsras iglesias.

Reconocemos nuestra responsabilidad con Dios en el cumplimiento de nuestra misión universual de su Iglesia. La gozosa realidad de una cooperación fraterna con las Iglesias cristianas del mundo entero; nuestra particular tarea de ser testigos de Jesucristo en América Latina, y en especial en la República Oriental del Uruguay, y en consecuencia:

Asumimos el compromiso de confesar nuestra fe en el Dios Trino, sumando nuestras fuerzas a la tarea misionera mundial y de testificar del poder transformador del Evangelio en la vida de los hombres y de los pueblos.

Confesión de fe (Sección II-Principios Generales-Art.4°)

La Iglesia Evangélica Metodista en el Uruguay se constituye bajo la dirección del Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, de acuerdo con las Sagradas Escrituras, en las que reconoce se encuentra todo lo necesario para la salvación y el testimonio cristianos. Recibe los Credos Apostólico y Niceno como expresiones históricas de confesión de la fe cristiana y acepta los Artículos de Fe Metodista (ver Sección XI-Artículos de Fe)como manifestaciones de la fe y conducta cristianas en cuya tradición se ubica. La Iglesia Evangélica Metoidsta en el Uruguay, en obediencia a la Palabra de Dios en Cristo, acepta como obligación el expresar y comunicar esta fe en términos contemporáneos.

Sagradas Escrituras y tradición (Sección II-Principios Generales-Art.5°)

Las Sagradas Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamentos mediante cuyo testimonio el Señor conduce a su pueblo al conocimiento de su verdad y lo guía en el cumplimiento de su misión, constituyen el criterio básico por el cual se ha de juzgar la fidelidad e la Iglesia y de su tradición.

La IEMU es heredera de la tradición de la Iglesia universal y en manera especial del metodismo, por ello recibe los Credos ecuménicos -Apostólico y Niceno- como testimonios históricos de la confesión de la fe cristiana y considera que los documentos tradicionales de la fe y disciplina metoidsta son expresiones significativas de la interpretación de la fe y conducta cristiana en cuya tradición se ubica.

La IEMU examinará constantemente su mensaje y testimonio a fin de discernir, bajo la dirección del Espíritu Santo y a la autoridad de las Sagradas Escrituras, y a la lauz de la tradición, la voluntad del Señor en las particulares circunstancias en las que sea llamada a servir. Cuando lo juzgue menester, formulará declaraciones en asuntos de fe y conducta, para edificación de los creyentes y definición y afirmación de su testimonio en el mundo.

Sacramentos (Sección II-Principios Generales-Art.6°)

Los sacramentos del Bautismo y la Cena del Señor -únicos dos que la IEMU reconoce-son signos y medios de gracia que hacen explícito el mandato de Cristo de que los hombres ingresen a la familia de Dios por medio de un acto definido y renueven su comunión con Él en esa familia por medio de actos solidarios de fidelidad.

El Bautismo, no es solamente signo de profesión y nota distintiva, por la cual se distinguen los cristianos de los no bautizados, sino también signo del renaciiento a la vida en Cristo Jesús.

Todo creyente que, genuinamente arrepentido de sus pecados, desee confirmar el pacto de fidelidad con su Señor en la compañía de sus hermanos podrá participar en la Mesa del Señor.

Ordinariamente sólo administrarán los sacramentos las personas autorizadas para ello.

Ministerio (Sección II-Principios Generales-Art.8°)

Jesucristo es el Ministro cuya obra pasada, presente y futura es el fundamento y el poder del ministerio de su Iglesia. Este se ejerce hoy mediante la proclamación, el testimonio profético, la oración y el servicio de la comunidad cristiana. Jesucristo confiere esta tarea y esta autoridad a su pueblo; todos y cada uno de sus miembros participan en ellas. Todo miembro tiene la responsabilidad de jercer el ministeio de la Iglesia, en el lugar y circunstancias en que se halle y conforme a los dones que haya recibido del Señor, al sesrvicio de la misión total del la Iglesia.

Dentro del ministerio total del pueblo de Dios, el Señor ha separado y continúa separando un ministerio representativo de aquél.

La IEMU reconoce el sacerdocio universal de los creyentes, así como la necesidad de un ministerio rerpesentativo ordenado, llamado por Dios y autorizado por la Iglesia para funciones específicas de la misma.

La IEMU reconoce el orden de presbíteros y diáconos.

Congregación local (Sección II-Principios Generales-Art.9°-1)

La congregación local es una comunidad conexional de personas bautizadas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y que confiesan a Jesucristo como su Señor y Salvador, reunidos por el Espíritu Santo, que profesan una misma fe evangélica, que participa de una misma Cena del Señor -en comunión con todos los que lo desean-, que adoran juntos y cuya vida en común se manifiesta en proclamación , testimonio profético y servicio al mundo, estando unidos por esa misma fe con la Iglesia Universal de Jesucristo.

Relaciones con el Estado y la Sociedad (Sección II-Principios Generales-Art.10°)

La IEMU reconoce que tiene obligaciones y responsabilidades con respecto a la sociedad de la que forma parte y a las instituciones de goiberno de la misma. Sus relaciones con ellas están regidas fundamentalmente por su lealtad suprema a la voluntad de Dios y por su vocación de promover la justicia, la dignidad, los derechos humanos, la libertad y la paz entre los hombres, no sólo en el ámbito religioso sino en todo lo concerniente a la vida de la persona humana y de la comunidad.

Relaciones Ecuménicas (Sección II-Principios Generales-Art.11°)

Como parte de la Iglesia Universal de Cristo, la IEMU cree que el Señor de la Iglesia llama a todos los cristianos, en todas partes, a la unidad.

Por  lo tanto, buscará y trabajará en pro de la unidad en todos  los niveles de la vide de la Iglesia Universal.
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ARTICULOS DE FE (Constitución-Sección XI)

De la fe en la Santísima Trinidad

Hay un solo Dios vivo y verdadero, eterno, sin cuerpo ni partes, de infinito poder, sabiduría y bondad; creador y conservador de todas las cosas, así visibles como invisibles. Y en la unidad de esta Deidad hay tres personas, de una mimsa sustancia, poder y eternidad, -el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Del Vebo, o Hijo de Dios, que fue hecho verdadero Hombre

El Hijo, que es el Verbo del Padre, verdadero y eterno Dios, de una misma sustancia con el Padre, tomó la natrualeza humana en el seno de la Bienaventurada Virgen; de manera que dos naturalezas enteras y perfectas, a saber, la Deidad y la Humanidad, se unieron en una sola persona, para jamás ser separadas, de lo que resultó un solo Cristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, que realmente padeció, fue curcificado, muerto y sepultado, para reconciliar a su Padre con nosotros, y para ser sacrificio, no solamente por la culpa original, sino también por los pecados actuales de los hombres.

De la Resurrección de Cristo

Cristo verdaderamente resucitó de entre los muertos, y volvió a tomar su cuerpo, con todo lo perteneciente a la integridad de la naturaleza humana, con lo cual subió al cielo, y allí está sentado hasta que vuelva para juzgar a todos los hombres en el postrer día.

Del Espíritu Santo

El Espíritu Santo, que procede del Padre y del Hijo, es de una misma sustancia, majestad y gloria con el Padre y con el Hijo, verdadero y eterno Dios. Arriba

De la Suficiencia de las Sagradas Escrituras para la Salvación

Las Sagradas Escrituras contienen todas las cosas necesarias para la salvación; de modo que no debe exigirse que hombre alguno reciba como artículo de fe, ni considere como requisito necesario para la salvación, nada que en ellas no se lea ni pueda por ellas probarse. Bajo el nombre de Sagradas Escrituras comprendemos aquellos libros canónicos del Antiguo y del Nuevo Testamento, de cuya autoridad nunca hubo duda alguna en la Iglesia.

Los nombres de los libros canónicos son: Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio, Josué, Jueces, Rut, el Primer Libro de Samuel, el Segundo Libro de Samuel, el Primer Libro de los Reyes, el Segundo Libro de los Reyes, el Primer Libro de las Crónicas, el Segundo Libro de las Crónicas, el Libro de Job, los Salmos, los Proverbios, El Eclesiastsés o El Predicador, el Cántico o Cantar de Salomón, los Cuatro Profetas Mayores, y los Doce Profetas Menores.

Todos los libros del Nuevo Testamento que son generalmente aceptados, los recibimos y los tenemos como canónicos.

Del Antiguo Testamento

El Antiguo Testamento no es contrario al Nuevo; puesto que en ambos, Antiguo y Nuevo, se ofrece la vida eterna al género humano por Cristo, único Mediador entre Dios y el Hombre, siendo que Él es Dios y Hombre. Por lo cual no deben ser escuchados los que pretenden que los antiguos patriarcas tenían su esperanza puesta tan solo en promesas transitorias. Aunque la ley que Dios dio por medio de Moisés, en cuanto se refiere a ceremonias y ritos, no obliga a los cristianos, ni deben sus preceptos civiles recibirse necesariamente en ningún estado; sin embargo, no hay cristiano alguno que quede exento de la obediencia a los mandatos que se llaman morales.

Del Pecado Original o de Nacimiento

El pecado original no consiste (como falsamente aseveran los pelagianos) en la imitación de Adán, sino que es la corrupción de la naturaleza de todo hombre engendrado en el orden natural de la estirpe de Adán, por lo cual el hombre está muy apartado de la justicia original, y por su misma naturaleza se inclina al mal, y esto continuamente.

Del Libre Albedrío

La condición del hombre después de la caída de Adán es tal que no puede volverse ni prepararse a sí mismo por su fuerza natural y propias obras, para ejercer la fe e invocar a Dios; por tanto, no tenemos poder para hacer obras buenas, agradables y aceptas a Dios, sin que la gracia de Dios por Cristo nos capacite para que tengamos buena voluntad, y coopere con nosotros cuando tuviéremos tal buena voluntad.

De la Justificación del Hombre

Se nos tiene por justos delante de Dios sólo por los méritos de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, por la fe, y no por nuestras propias obras o merecimientos. Por tanto, la doctrina de que somos justificados solamente por la fe, es bien saludable y muy llena de consuelo.

De las Buenas Obras

Aunque las buenas obras, que son fruto de la fe y consiguientes a la justificación, no pueden librarnos de nuestros pecados, ni soportar la severidad de los juicios de Dios, son, sin embargo, agradables y aceptas a Dios en Cristo y nacen de una fe verdadera y viva, de manera que por ellas puede conocerse la fe viva tan evidentemente como como se conocerá el árbol por su fruto. Arriba

De las Obras de Supererogación

Las obras voluntarias -ejecutadas aparte o en exceso de los términos de los mandamientos de Dios-, llamadas obras de supererogación, no pueden enseñarse sin arrogancia e impiedad; pues por ellas declaran los hombres que no sólo rinden a Dios todo lo que es de su obligación, sino que por amor a él hacen aún más de lo que en rigor les exige el deber, siendo así que Cristo dice explícitamente: "Cuando hubiereis hecho todo lo que os es mandado, decid: "siervos inútiels somos".

Del Pecado después de la Justificación

No todo pecado voluntariamente cometido después de la justificación es pecado contra el Espíritu Snto, e imperdonable. Por lo cual, a los que han caído en el pecado después de su jsutificación no se les debe negar el privilegio del arrepentimiento. Después de haber recibido el Espíritu Snto, podemos apartarnos de la gracia concedida y caer en el pecado, y, por la gracia de Dios, levantarnos de nuevo y enmendar nuestra vida. Por lo tanto, son de condenar los que dicen que ya no pueden pecar más mientras vivan, oque niegan a los verdaderamente arepentidos de la posibilidad del perdón.

De la Iglesia

La Iglesia visible de Cristo es una congregación de fieles, en la cual se predica la palabra pura de Dios, y se administran debidamente los sacramentos, conforme a la institución de Cristo, en todo aquello que forma parte necesaria y esencial de los mismos.

Del Purgatorio

La doctrina romanista tocante al purgatorio, a la absolución, a la veneración y adoración, tanto de imágenes como de reliquias, y también a la invocación de los santos, es una patraña, una pura invención sin fundamento en la Escritura, sino antes bien, repugnante a la Palabra de Dios.

Del uso en la Congregación de unalengua que el pueblo entienda

Ofrecer oración pública en la Iglesia o administrar los sacramentos en una lengua que el pueblo no entiende, es cosa evidentemente repugnante tanto a la Palabra de Dios como al uso de la Iglesia primitiva.

De los Sacramentos

Los sacramentos instituídos por Cristo son no sólo señales o signos de la profesión de los cristianos, sino más bien testimonios seguros de la gracia y buena voluntad de Dios para nosotros, por los cuales obra Él en nosotros invisiblemente, y no sólo aviva nuestra fe en Él, sino que también la fortalece y confirma.

Los sacramentos instituídos por Cristo, nuestro Señor, en el Evangelio, son dos, a saber: el Bautismo y la Cena del Señor.

Los cinco comunmente llamados sacramentos, a saber: la confirmación, la penitencia, el orden, el matrimonio y la extremaunción, no deben tenerse por sacramentos del Evangelio, puesto que han emanado, algunos de ellos, de una viciosa imitación de los Apóstoles, mientra que otros son estados de vida aprobados en las Escrituras, sin que sean de la misma naturaleza que el bAutismo y la Cena del Señor, puesto que carecen de todo signo visible o ceremonia ordenada por Dios.

Los sacramentos no fueron instituídos por Cristo para servir de espectáculo ni para ser llevados en procesión, sino para que usásemos de ellos debidamente. Y sólo en aquellos que los reciben dignamente producen efecto saludable, mientras que los que indignamente los reciben, adquieren para sí -como dice San Pablo- condenación (1a.Coritnios 11:29).

Del Bautismo

El Bautismo no es solamente signo de profesión y nota distintiva, por la cual se distinguen los cristianos de los no bautizados, sino también signo de la regeneración o renacimiento. El bautismo de los párvulos debe conservarse en la Iglesia. Arriba

De la Cena del Señor

La Cena del Señor no es solamente signo del amor que deben tenerse entre sí los cristianos, sino más bien sacramento de nuestra redención por la muerte de Cristo; de modo que, para los que digna y debidamente y con fe reciben estos elementos, el pan que partimos es una participación del cuerpo de Cristo, y asimismo la copa de bendición es una participación de la sangre de Cristo.

La transubstanciación, o trasmutación de la sustancia del pan y del vino en la Cena de Nuestro Señor, no puede probarse por las sagradas Escrituras; antes bien, es repugnante a las palabras terminantes de las Escrituras, trastorna la naturaleza del sacramento y ha dado ocasión a muchas supersticiones.

El cuerpo de Cristo se da, se toma y se come en la Cena sólo de un modo celestial y espiritual. Y el medio por el cual el cuerpo de Cristo se recibe y se come en la Cena es por la fe.

Cristo no ordenó que el sacramento de la Cena del Señor se reservara, ni que ses llevara en procesión, ni se elevara, ni se adorara.

De las dos Especies

El cáliz del Señor no debe negarse a los laicos; puesto que ambas partes de la Cena del Señor, por institución y mandato de Cristo, debe suministrarse igualmente a todos los cristianos.

De la única Oblación de Cristo, consumada en la Cruz

La oblación de Cristo, una vez hecha, es la perfecta rredención, propiciación y satisfacción por todos los pecados de todo el mundo, originales y actuales; y no hay otra satisfacción por el pecado, sino ésta unicamente. Por lo cual, el sacrificio de la misma, en el que se dice comunmente que el sacerdote ofrece a Cristo por los vivos y por los muertos, para que éstos tengan remisión de pena o de culpa, es fábula blasfema y fraude pernicioso.

Del Matrimonio de los Ministros

La ley de Dios no manda a los ministros de Cristo hacer voto de celibato, ni abstenerse del matrimonio; lícito es, pues, para ellos, lo mismo que para los demás cristianos, contraer matrimonio a su discreción, como juzguen más conducente a la santidad.

De los Ritos y Ceremonias de las Iglesias

No es necesario que los ritos y ceremonias sean en todo lugar los mismos, ni de forma idéntica; puesto que siempre han sido diversos, y pueden mudarse según la diversidad de los países, tiempos y costumbres de los hombres, con tal que nada se establezca contrario a la Palabra de Dios. Cualquiera que, apoyándose en su jucio privado, voluntariamente y de intento quebrantare públicamente los ritos y ceremonias de la Iglesia a que pertenece, y que no son repugnantes a la Palabra de Dios sino ordenados y aprobados por autoridad común, debe (para que otros teman hacer los mismo), ser reprendido públicamente como perturbardor del orden común de la Iglesia, y como quien heiere las conciencias de los hermanos débiles.

Cualquiera Iglesia tiene facultad para establecer, mudar o abrogar ritos y ceremonias, con tal que se haga todo para edificación.

De los Bienes de los Cristianos

Las riquezas y los bienes de los cristianos no son comunes en cuanto al derecho, título y posiesión de los mismos, como falsamente aseveran algunos. Sin embargo, todo hombre, de lo que posee y según sus facultades, debe dar con liberalidad limosnas a los pobres.

Del Juramento del Cristiano

Así como confesamos que Nuestro Señor Jesucristo y Santiago, su apóstol, prohiben a los cristianos el juramento vano y temerario, también juzgamos que la religión cristiana no prohibe que se preste juramento a requerimiento del magistrado y en causa de fe y caridad, con tal que se haga según la doctrina del profeta, en justicia, juicio y verdad.